Un joven pensó que para ser sindicalista, habría que ser Quijote: "Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?."; en su cabeza, tal vez ingenua, se arremolinaban ideas de los guías de una clase trabajadora, que necesitaba un empujón para ponerse en marcha y sentirse que no estaban solos, su labor hicieron en silencio o a megáfono partido, el lugar era lo de menos, fueron capaces de parar un país y a una clase política que todavía decía que escuchaba.
El tiempo le quito la razón, los tiempos de los caballeros andantes que luchaban contra gigantes, ya acabaron, dicen de aquellos valientes, que cogieron sus mantas y ahora están bajo la sombra que les cobija, fueron aquellos que olvidaron a los desempleados, fueron aquellos que para no reconocer que se habían cansado dejaron sus ropas de guerra y se pasaron a ropas burguesas, cambiaron las manifestaciones por paseos de desilusión, dejaron de guiar para quejarse de que nadie les seguía, dicen que ahora solo escuchan a grandes empresas y funcionarios y que los pequeños trabajadores, los mal llamados mil euristas (aunque en muchos casos ojala se llegará a ese sueldo y mucho más a poder trabajar), ya no son oídos.
Se que las utopías no existen, o por lo menos eso me quieren hacer creer, pero lo que no podré olvidar es que un día...... se...... que........ existieron........ esos valientes Quijotes, no los dejemos en el olvido
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