- Abuelito, ¿quieres que te cuente un deseo que tengo?
- Claro, María. Cuéntame
- ¿Sabes qué me gustaría ser?
- ¿enfermera? ¿veterinaria? ¿nadadora? ¿abogada? Has querido ser tantas cosas, que ya no se a que te vas a dedicar.
- Abuelo, eso era cuando era pequeña, ahora lo que quiero ser es una gota de agua.
- ¿Una gota de agua?
- Si, mira, abuelo, siempre me ha gustado mucho viajar y ayudar a la gente y siendo una gota de agua lo podría hacer.
- No te entiendo, María. ¿Podrías viajar?
- Sí claro, viajaría y viajaría dentro de las nubes y volaría recorriendo el mundo y cuando me cansara de tanto viajar caería sobre el mar y allí jugaría y jugaría, sin parar, con millones y millones de otras gotas, que seguro que entre tantas, seguro que haría muchos amigos. Podría jugar a mojar a otros niños y esconderme, seguro que no me encontrarían. Y cuando me cansara de estar tanto tiempo en el mar, jugando a romper castillos de arena, pues cogería otra nube y subiría muy muy alto y me iría a la montaña y caería, en forma de lluvia, sobre el monte más alto y allí junto a otros amiguitos, surcaría el río, sería como un gran tobogán gigante y jugando entre los peces, que me llevaría otra vez de vuelta al mar. Sería maravilloso abuelo, todo el día de allí para acá, conociendo a gente de todo el mundo y pudiendo ver todo lo bonito que nos rodea, ¿y sabes lo mejor? Que para el agua, no existen las fronteras, ni los países, ni me haría falta ser mayor de edad para ir a donde quiera.
- ¿Y cómo quieres ayudar a la gente?
- Abuelito, ¿te acuerdas de aquella película que vimos donde un hombre se perdía en el desierto, que tenía todo el oro del mundo, pero que no tenía nada al no tener ni una gota de agua que saciara su sed? Pues yo, iría corriendo muy rápido y así le daría una parte de mí, para que lo tuviera todo y así poder hacerle ver, que si no tenemos el agua, el oro no alimentará nuestras plantas ni la vida, ni nos dará de beber cuando nos haga falta y sería el fin y él, como recompensa, compraría casas y juguetes para todos los niños pobres del mundo, para agradecerme poder haberle ayudado.
Llevaría la magia de la lluvia por todos lados y haría a la gente muy feliz, quizás alguien alguna vez se enfadará conmigo por mojarle la ropa tan bonita que se había comprado, pero a cambio les daría una esperanza de que existe un mañana, como ya existió un pasado, pero que si no cuidamos el presente, la tristeza del desierto nos irá ganando y ya no quedará medio ambiente al que cuidar. Por eso abuelito te pido que me ayudes a luchar por un respeto al agua, para que nunca nos pueda faltar, sé que con un poquito de ayuda de todos, con que cuidemos nosotros lo mejor posible cada gota de agua, sin derroches ni excesos, formaremos un mar de ilusión y podremos comprender mejor lo que tenemos. ¿Quieres ayudarme?
- Claro que te ayudaré. ¿pero crees que valdrá para algo?
- Quizás, tú y yo, no seamos suficientes, pero sí que pondremos en marcha la rueda de la cooperación, y seguro que somos muchos los que queremos a nuestro planeta, luego seremos más y más y así sí que nada ni nadie nos podrá parar.
Y tú que me estás leyendo, ¿también nos ayudarás al abuelito y a mí?
No hay comentarios:
Publicar un comentario