Que dolor de cabeza tengo, un hormigueo recorre mi cuerpo y se aloja en mi estómago. Toda esta gente, aquí, hablando, riendo, de acá para allá, y yo aquí, con estas molestias.
Paseo de un lugar para otro, parece que no conozco a nadie, no encuentro una conversación a la que sumarme, sigo divagando, dando vueltas.
Al fondo encuentro un rostro conocido, se llama Laura, hace tiempo que sigo su obra, es todavía más guapa en persona que en la televisión. Me acerco a ella, le toco en el hombro y ella al girarse muestra indiferencia. Que desilusión, no esperaba esto, aunque la verdad tampoco sé que esperaba, seguro que es tanta la gente que se acerca a ella que somos solo rostros invisibles que le dan dinero.
Mis pasos me llevan a una escalera, los bajo despacio, no tengo prisa por llegar a ningún sitio. Abro una puerta y montón de personas se revolotean por la sala, ruido, cuchicheos, olores, todo me envuelve y me sacude.
Veo a los lejos a Julio, cuantos años en el colegio compartiendo, o más bien mal compartiendo nuestros conocimientos, cuentos momentos se agolpan en mi cabeza. Me acerco a él, pero ya no es como le recuerdo: una alianza reposa en su dedo, la calvicie llama a su puerta en un viaje que ya no tiene marcha atrás, mucho tiempo ya ha pasado de todo aquello. Creo que ya no me reconocerá, ha pasado tanto tiempo…
El dolor de cabeza sigue, este sí que no quiere abandonarme.
Otra puerta ante mí.
Otra escalera que bajar. Otra puerta.
Otra sala llena de gente, nadie parece conocerme, nadie me pregunta nada. No sé qué me pasa que empiezo a sentir miedo. Ya no ando. Corro sin rumbo predestinado. Nadie me espera, pero no puedo parar, puertas y más puertas, las abro, las cierro tras de mí, pero siempre hay otra que se interpone.
Personas y más personas, todas con nombres y apellidos, todos los conozco pero parece que ellas no se dan cuenta de mis gritos. Tropiezo. Caigo. Nadie me ayuda. Sigo huyendo, pero ¿huyendo de qué?
Bajo mil escaleras y todo se repite, el dolor no se va, esta luz que no puedo dejar de mirar.
El tiempo es mi enemigo, solo quiero sentarme y descansar, pero mis piernas me lo impiden. Me pellizco pensando que es una pesadilla, pero no lo es. He llegado a una última puerta, diferente del resto, tiene un color especial, es un color blanco que me ciega.
Tras ella el vacío y un trozo de papel.
Y en el trozo de papel un mensaje.
Y el mensaje un texto que dice así: “Yo estuve aquí”
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