- ¿Qué te pasa, María?
- Abuelito, hay tormenta y no puedo salir a jugar, estos días me ponen triste. Mis amiguitos se quedan en casa y por la ventana solo veo gotas y gotas que paran mi diversión.
- Para mí, los días de tormenta me recuerdan un cuento que me contaban mis padres y a ellos sus papas y así había sido desde siempre. ¿quieres que te cuente como se formo el primer arcoíris?
María se acerco a su abuelito y se le quedo mirando muy fijamente, con esa mirada inocente que todo niño debería tener.
- Por favor, abuelito. Cuéntamelo.
Esto fue hace mucho mucho tiempo cuando el mundo era muy triste, todo el día llovía y llovía. Ya marcho el sol diciendo que no volvería hasta que la humanidad no lo llamará. Pasaron días y días, llegaron los meses y no tardaron mucho en llegar los años y la lluvia seguía con su canto.
Los hombres y mujeres olvidaron lo que había sido que el sol acariciara su rostro, solo quedaba su recuerdo en algunas personas mayores y algunos libros que hacían mención de lo que fue.
Se intentaron muchas iniciativas para llamarle.
Desde Europa, se decidió crear una pancarta gigante que recorría todos los países europeos y que ponía “SOL VEN”, pero las nubes pronto se hicieron cargo del papel, destruyéndolo, y las nubes ocultaron, al astro rey, su mensaje.
En Asia se pensó en construir una escalera que sobrepasara las nubes, pero era tan tan pesada y el suelo estaba tan blando que nunca se consiguió hacerla lo suficientemente grande.
América propuso mandar un cohete que lo buscará y le hiciera volver, pero llovía y llovía tanto que el cohete nunca pudo encender sus motores y volar.
África, bailo y bailo, cantando y saltando, para hacer ver que no todo en la tierra era tristeza y durante algunos días el cielo se abrió y dejo de llover, pero eran tantas las nubes que venían de otros continentes, que al final consiguieron vencer y tapar ese rayo de esperanza y hacer que África también entristeciera.
Oceanía decidió llamar al resto de sus hermanos y recordarles que todas las iniciativas que habían hecho por separado, solo habían conseguido que el sol se marchara y que los habitantes de la tierra hubieran perdido la sonrisa y la ilusión.
Les propuso intentar hacer algo todos juntos, como hermanos que todos eran de este mundo que les vio nacer, sus diferencias en su forma de vestir, hablar, en sus casas, no los hacía raros, los hacía especial y ahora era el momento de trabajar uno para todos y todos para uno.
Asintieron con la cabeza y desde todos los rincones, marcharon en miles y miles de barcos a la Atlántida. Allí se abrazaron y lloraron, no eran lágrimas de tristeza, eran lágrimas de felicidad, por haber encontrado al hermano perdido.
Juntos formaron la frase “SOL GRACIAS. VOLVEMOS A SER HERMANOS”
Gritos de nubes enfurecidas llenaron el lugar, los relámpagos intentaron asustarlos, pero ellos siguieron juntos y ya nunca más tuvieron miedo.
Al final la tormenta, derrotada, sola, marchó, el cielo se fue aclarando, de los brazos de esas mujeres, hombres, niñas, niños, ancianos y ancianas, salieron unos rayos de colores, que crecieron y crecieron y recordaron a todo el mundo, que al final habían vencido y que el sol volvería.
Dicen que siempre que hay tormenta, sale el arco iris, para recordarnos como entre todos, todo es más fácil.
- Dulces sueños, María.
Precioso!
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